La doble vara de siempre

29/Jul/2025

Por Alain Mizrahi (en Facebook)

1947 fue un año de particiones. Dos regiones de un mismo imperio, dos tragedias humanas. Una sigue siendo motivo eterno de indignación. La otra apenas un recuerdo enterrado. ¿Será porque en la primera están los judíos? 

En 1947, el Imperio Británico se retira del subcontinente indio. Las tensiones entre hindúes y musulmanes escalan. ¿Solución británica? La famosa “línea Radcliffe”: dividir el territorio en dos países, India y Pakistán.

La creación de Pakistán no fue nada pacífica. Se desató una de las mayores migraciones forzadas de la historia. Entre 10 y 15 millones de personas cruzando fronteras recién inventadas, con lo puesto y en medio de una violencia sectaria bestial, musulmanes de India hacia Pakistán, hindúes y sikhs de Pakistán hacia India. Y quizás 2 millones de muertos. ¿Lo sabías? ¿Alguien te lo contó? Muy probablemente no.

Ese mismo año, la ONU propuso dividir Palestina en un Estado judío y uno árabe. Los judíos aceptaron, los países árabes no. Se lanzó una guerra de SIETE países contra el naciente Estado de Israel. Israel ganó. Y empieza otro drama humano. 700.000 palestinos huyen o son expulsados. Pero también 1 millón de judíos son expulsados de países árabes donde vivían hacía 10 o 12 siglos (¿lo sabías?).

Ambas tragedias generaron refugiados, pero el destino de esos refugiados fue muy distinto. Los judíos expulsados de Irak, Egipto, Yemen, Siria, Líbano, Libia, Marruecos, fueron absorbidos por el naciente Estado de Israel. Sin campos de refugiados. Sin agencias de la ONU que eternizan su estatus. Simplemente fueron integrados. Con todas las dificultades.

En cambio, los refugiados palestinos fueron marginados por los propios países (¿hermanos?) árabes. Egipto ocupó Gaza. Jordania anexó Cisjordania. Siria, Líbano y el resto los mantuvieron sin ciudadanía. Ni integración, ni derechos  (remember el “Setiembre negro” en Jordania). ¿Y sabés por qué? Porque eran más útiles como arma política que como ciudadanos.

Ningún país árabe ofreció crear el Estado palestino entre 1948 y 1967, cuando no había ocupación israelí. El objetivo no era “Palestina libre”. Era “Israel exterminado”. Y lo más contradictorio: La mayoría de los palestinos árabes podrían haber sido israelíes (es más, ¡2 millones de ellos lo son!). Pero eligieron no aceptar integrarse al Estado que nació. Imaginate hindúes negándose a vivir en India porque “no reconocen la partición”. ¿Vas viendo el patrón? Pakistán nace como Estado musulmán, India como Estado laico (aunque mayoritariamente hindú). Israel nace como Estado judío. El Estado árabe nunca llegó a nacer porque nadie quiso. Pero solo uno es señalado con el dedo como “ilegítimo”.

La historia no fue color de rosa en ningún caso. India y Pakistán libraron varias guerras sangrientas, se dividieron aún más (Bangladesh nació en 1971) y siguen disputándose Cachemira. Israel tuvo guerras con todos sus vecinos. La diferencia está en la narrativa. Nadie dice que Pakistán es una “entidad colonial”. Ni que fue “implantado por Occidente”. Nadie exige el “retorno” de los hindúes que huyeron de Lahore, Karachi o Dhaka. ¿Y sabés qué? Tiene lógica. La Historia avanza, las fronteras cambian. Se reconoce la tragedia pero se acepta la realidad pragmáticamente. Menos cuando el Estado se llama Israel.

Hoy, “Palestina libre” es un mantra cómodo, no requiere leer historia ni entender complejidades geopolíticas, solo repetir consignas emocionales y simplistas, a veces con una bandera, a veces con piedras, siempre con un keffiyeh alrededor del cuello porque queda aún más cool: “genocidio!” “Apartheid!” “Sionismo es racismo!” “Colonialistas!” “Supremacistas!” Apoyás un Estado palestino? Yo también. Pero decime, ¿dentro de qué fronteras? ¿Y que lo gobierne quién? ¿Hamas? ¿O el sinvergüenza de Abu Mazen?

El “Palestina libre” que pintás en las paredes no es a favor de un Estado: es por la destrucción del otro. Y no me vengas con que “no es antisemitismo, es antisionismo” (sin nunca haber estudiado lo que significa “sionismo”). Cuando solo señalás con dedo acusador al único Estado judío entre 50 Estados musulmanes, algo no cierra. No es que critiques a Israel. Es que SOLO critiques a Israel. ¿Querés hablar de ocupación? Hablemos de Turquía en Chipre. De China en el Tíbet. De Rusia en Ucrania. ¿Dónde están tus marchas, tus banderas, tus posteos en X contra la limpieza étnica de Azerbaiyán en Nagorno Karabaj?

No se trata de minimizar el sufrimiento de los gazatíes, se trata de exponer la doble vara y la hipocresía con la que se miden las cosas. ¿Dónde están los “Free Kashmir”? ¿Los “Free Armenia”? ¿Los “Free Uigures”? ¿Dónde están las marchas por los kurdos, los tibetanos, los saharauis, los rohingyas? ¿Marchaste contra las masacres de ISIS sobre los yazidíes?

Decir “Israel es un Estado colonial” y callar sobre Pakistán, que se creó el mismo año, con millones más de desplazados y muertos, es al menos inconsistente. Callar sobre otros conflictos territoriales, pero indignarte solo con este, huele mal y tiene un nombre: judeofobia.

Si vas a solidarizarte, hacelo en serio. Estudiá historia, leé un más que tu feed de Instagram o Facebook. Y si vas a hablar de ocupación, preguntate por qué solo una entre decenas te desvela tanto. No sea cosa que el problema no sea la ocupación… sino quiénes son los ״ocupantes”.

Algunos movimientos políticos y sociales occidentales adoptaron una causa sin entenderla. Les sirve como tótem identitario, como rebeldía de cartón o emoji de indignación, igual que el “no al imperialismo yanki” o una camiseta con la foto del Che. No como propuesta de paz. ¿Querés paz? Apoyá dos Estados, uno judío y uno palestino, con derechos y garantías para ambos. No la fantasía de borrar uno del mapa para “liberar” al otro. ¿Querés empatía? Estudiala con contexto. Entendé por qué Israel existe y por qué nunca va a dejar de existir.

No me interesa convencer al dogmático. Te hablo a vos que dudás, que no comprás slogans pero tampoco querés parecer insensible. A vos que sospechás que hay algo raro en tanta obsesión contra un solo país. Solo hace falta que seas coherente, y honesto con los hechos.

Am Israel Jai